Cada vez es más frecuente ver como la dieta se empobrece en alimentos y el ejercicio físico escasea.
En apariencia dos contrasentidos ahora que disponemos de más alimentos para elegir y más tiempo libre para disfrutar. Los niños van reduciendo la variedad de nutrientes cuando renuncian a la fruta fresca, las legumbres o el pescado. Parece que nos conformamos con aportarles alimentos fáciles de procesar pero excesivos en azúcares y grasas. Sus necesidades calóricas están más que cubiertas pero las calorías no lo son todo.

Para lograr el necesario desarrollo físico en la era de las video-consolas y la TV a la carta, hay que convencer a los jóvenes de que el cuerpo se ve recompensado a largo plazo. Algo que choca con la recompensa del placer inmediato.

El periodo de crecimiento es exigente en nutrientes y ejercicio físico. Sin ellos, el desarrollo se encamina hacia la obesidad, el desgaste prematuro del sistema cardiovascular, el agotamiento del páncreas o la aparición temprana de cánceres en el sistema digestivo.

Se ha sustituido la tradicional dieta mediterránea por dietas con un mayor componente calórico, ricas en grasas y en azúcares refinados. Ricas en calorías pero carentes de fibra, vitaminas o minerales; todos ellos imprescindibles en la etapa de crecimiento. Aparece la tendencia a saltarse alguna comida, incluso se escamotea un desayuno adecuado. Ante la aparición de los primeros síntomas de obesidad se recurre a dietas drásticas que no hacen sino reducir aún más el aporte nutricional.